Jueves, 17 Octubre 2013 17:19

Derecho al diálogo

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Asisto en Madrid a la presentación del libro “Los ojos del otro”, que relata los encuentros restaurativos entre víctimas y victimarios de ETA que tuvieron lugar durante 2011 en la cárcel de Nanclares de la Oca, y no puedo evitar una sensación dual de admiración y tristeza.

Admiración y respeto por el proyecto, hecho posible por un grupo de mediadores, funcionarios de prisiones, políticos y otros profesionales y encabezado por Esther Pascual, que coordina también los contenidos del libro. Un proyecto que logró reunir a quien, muy a su pesar, se ha emparejado de por vida con su victimario, como acertadamente cuentan, como Maixabel Lasa, viuda de Juan Mari Jaúregui, que aceptó mirar a los ojos a Luis Carrasco, el asesino de su marido, no por una necesidad personal, la de perdonar, sino en un acto de inmensa valentía tratando de, quizás, abrir una puerta a la reconciliación de futuras generaciones.

Pero también una sensación de tristeza al conocer que la iniciativa puede haber caído en saco roto, al menos desde el punto de vista institucional, al ser cercenada la posibilidad de continuar con nuevos encuentros, ya programados, entre víctimas y victimarios, que cumplen condena por sus actos criminales. Tristeza al ser negado el derecho al diálogo. Robado ese derecho por quienes, de nuevo es una sospecha, entienden el diálogo como un peligroso acto que pudiera traer consecuencias nocivas para sus intereses partidistas o alentados por quienes ven en los actos ajenos las dobles intenciones que ellos asumen en los propios.

Un encuentro restaurativo es un proceso de sanación de conciencia de quien ha cometido un incomprensible acto de violencia y para el que necesita a su víctima, directa o indirecta, superviviente o familiar, no para recibir su perdón sino para expresar ante él o ella su propia angustia, su arrepentimiento y su necesidad de paz interior. 

Quien busca los ojos de su víctima no recibe por ello mayor recompensa que la pueda encontrar en su propia conciencia. No recibe beneficios penitenciarios. No recibe el abrazo social de su entorno. No obtiene la comprensión de la sociedad. Aunque tampoco es lo que busca, vuelvo a sospechar.

Quien busca los ojos de su víctima tampoco es un héroe. Es alguien que ha encontrado el camino para reconciliarse con su propia vida. Para reencontrarse como ser humano. 

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Ignacio Martínez Mayoral

Editor en The Negotiation Club y facilitador en divergentia::la oportunidad en la diferencia

www.divergentia.es

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