Martes, 25 Marzo 2014 12:12

El consenso en la memoria

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Se suele hablar de manera retórica de la necesidad de alcanzar acuerdos por consenso, de dialogar, de darle una oportunidad a la palabra. Se habla de la incapacidad, desidia o mala fe de nuestros políticos que les impide acordar en conjunto y les lleva a perseguir únicamente objetivos partidistas. Pero, siendo pragmáticos, en el terreno de la política el consenso, con mayúsculas, sólo es posible en contadas ocasiones y bajo circunstancias muy especiales.

En estas fechas en las que, por desgraciados motivos conocidos por todos, vuelve a la actualidad la figura de Adolfo Suárez quien, con sus luces y sus sombras, lideró e impulsó el proceso democratizador en España conviene, y así se ha hecho en numerosos medios de comunicación, reivindicar su importancia como persona, político y, probablemente, como figura histórica.

Desde el punto de vista de la disciplina de la Negociación es, también, el referente del aglutinador de voluntades contrapuestas en pos de un objetivo común. Es, con total seguridad, la persona que mejor encarna en nuestra historia reciente la figura del convencido del consenso como garantía de estabilidad y crecimiento.

Y en sus escasos años como gobernante tuvo la oportunidad de marcar un camino que todavía hoy no se ha perdido de vista del todo y al que, en todo caso, estamos a tiempo de retomar. Pero, para ello, hay que traer a la memoria un capítulo de aquellos años que simboliza como pocos la necesidad de llegar a compromisos unánimes en momentos de incertidumbre. 

El año 1977 debería marcarse como el año en que se decidió tomar de forma irreversible ese camino. Sin embargo, no fue una decisión opcional. En medio de una profunda crisis económica con tasas de inflación que llegaron a ser del 44%, altísimos niveles de endeudamiento, conflictividad sindical, dependencia energética, evasión de capitales… nada invitaba al optimismo pero sí a la determinación por superar una situación que, por otro lado, no era nueva.

Por una vez, los políticos tomaron buena nota de periodos similares donde la "crisis económica se constituye como un problema político fundamental para una democracia naciente”, en palabras de Enrique Fuentes Quintana refiriéndose a la Gran Depresión de 1930 que cercenó los intentos democratizadores de 1931 y que derivó hacia funestas consecuencias. 

Esa determinación dio como resultado los llamados Pactos de la Moncloa, un conjunto de medidas reformistas tanto económicas como políticas y sociales, que firmaron la inmensa mayoría del espectro electoral y sindical de la época y que, en pocos años, dieron la vuelta a la catastrófica situación económica y reconciliaron al país con las libertades sociales imperantes en los países occidentales democráticos. Pero, como señala Fuentes Quintana, el arquitecto de los Pactos desde su cargo de vicepresidente económico del gobierno de Suárez, nada ello hubiera sido posible si no hubieran confluido diversas circunstancias que apremiaron por aunar opiniones.

En primer lugar, como he reseñado hace unas líneas, el conocimiento de la historia reciente donde se dieron similares circunstancias, crisis económica e intentos de implantar la democracia, alertaron del grave peligro en caso de no poner remedio a la situación. La debilidad de los partidos políticos para gobernar, ninguno de ellos estaba en condiciones de asegurarse una mayoría absoluta, estimulaba la necesidad de sumar y el deseo unánime de hallar salidas a la complicada situación económica. Y, por último, la existencia de objetivos superiores determinaba perseguir el acuerdo conjunto: la incorporación a la Comunidad Económica Europea, que pusiera fin al aislamiento económico y político, y la aprobación de la Constitución como garante de la convivencia entre españoles. 

 

Para saber más: De los Pactos de la Moncloa a la entrada en la Comunidad Económica Europea (1977-1986). Enrique Fuentes Quintana. Revista ICE nº 826. Noviembre 2005.

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Ignacio Martínez Mayoral

Editor en The Negotiation Club y facilitador en divergentia::la oportunidad en la diferencia

www.divergentia.es
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