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Sábado, 16 Enero 2016 13:31

Un cruce sin semáforos

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Si es usted uno de esos millones de abnegados conductores que no tienen más remedio que sufrir a diario los atascos y retenciones que tapizan nuestras ciudades con el manto de una lenta procesión de humo, aburrimiento e impaciencia, apostaría mi inexistente patrimonio a que alguna vez ha imaginado la solución mágica para acabar con los molestos embotellamientos.

Para mejorar la fluidez del tráfico y, sobre todo, aumentar la seguridad de conductores y peatones, hace pocos años un puñado de ciudades del norte de Holanda se armaron de valor y tomaron una decisión radical: eliminar la mayor parte de obstáculos y señales que regulan el tráfico. Empezando por los semáforos, siguiendo por la eliminación de rotondas y otros obstáculos artificiales y prescindiendo de las aceras como espacio reservado para los peatones, apostaron por transformar un modelo de ciudad congestionada en un espacio compartido en el que vehículos motorizados, ciclistas y peatones deben organizarse autónomamente sin necesariamente seguir las reglas tradicionales, que se han mostrado ineficaces a lo largo del tiempo.

Hans Monderman, ingeniero de tráfico e ideólogo de la filosofía de Espacio Compartido propone una transformación urbanística basada en la recuperación del concepto de plaza, donde hay sitio para todos y donde se incentiva la toma de decisiones individual basándose en la premisa de que “cuantas más prohibiciones y más normas, las personas piensan menos y aceptan menos responsabilidad por sus actos”.

Una idea cuyo objetivo final es humanizar las ciudades y que, llevada al extremo, podría recordar a la espectacular escena, para ojos de otras latitudes, de alguna ciudad asiática donde miles de conductores se organizan por sí mismos, sin necesidad de que nada ni nadie dirija el tráfico, para negociar su paso por un abarrotado cruce.

La reducción o eliminación de señales funciona, al menos en el ejemplo de Espacio Compartido y en el caos organizado asiático, porque, como Monderman aseveraba anteriormente, los usuarios asumen las responsabilidades que antes delegaban en las señales, lo que les obliga a prestar mayor atención a su entorno y aumentar los niveles de concentración, ante la posibilidad de sufrir un accidente. En cierta medida, se estimula a desconectar el “piloto automático” al conducir, pedalear o caminar por las vías urbanas.

Pero, además de asumir responsabilidades, para que la apuesta tenga éxito debe darse una segunda variable: no hay más remedio que confiar en el resto de usuarios con quienes se comparte la calle. Confiar en que el resto de conductores, ciclistas o peatones, sean conscientes y respeten las reglas no escritas que regulan quien tiene prioridad de paso, por ejemplo, y que presten suficiente atención al tráfico para anticiparse a cualquier imprevisto. Ahora le propongo que medite una respuesta sincera:

¿qué siente imaginándose a usted mismo en su vehículo conduciendo en una autopista de cuatro carriles sin apenas señalización, sin ni siquiera una línea blanca que separe los carriles?

 

Si sólo visualizar la escena le genera estrés y ansiedad y piensa que sería una propuesta inviable e incluso irresponsable en su entorno, es muy posible que viva en una sociedad con alta evitación de la incertidumbre.

Quizás usted viva en España que, siguiendo el camino opuesto al emprendido por las ciudades holandesas, trata de reducir las altas tasas de accidentes y solucionar la congestión que asfixia sus calles y carreteras por medio de una extensa reglamentación de tráfico.

Sin demasiado éxito.

Si tomamos como ejemplo el semáforo, cuyo objetivo es regular el tráfico pero también y más importante garantizar la seguridad de los peatones, vemos que en España durante 2014 el segundo tipo de accidente que provoca más víctimas mortales es el atropello al peatón, con un 18% de los fallecidos , la mayor parte en vías urbanas. Se puede argumentar que en un buen número de atropellos, exactamente el 60% de los casos , la responsabilidad recae en el propio peatón al no respetar los pasos habilitados o por cruzar con el semáforo en rojo.

Y este argumento nos vuelve a conducir a la paradoja comentada anteriormente: a mayor reglamentación, menor atención y, por lo tanto, mayor probabilidad de accidente. El conductor implicado en el atropello no espera que el peatón incumpla la norma, en la que ha delegado su responsabilidad, por lo que reduce su atención y se ve sorprendido ante acontecimientos imprevistos.

Ni siquiera una extensa y detallada reglamentación garantiza su cumplimiento. Más bien todo lo contrario. Siguiendo el ejemplo del semáforo, de las más de cuatro millones de denuncias por infracciones de tráfico que se cursaron en España en 2014 un considerable número de ellas se referían a la conducta habitual de muchos conductores de rebasar un semáforo en rojo , obligando a quienes velan por el cumplimiento de la norma a atajar dicha conducta implantando cada vez más sofisticados y costosos métodos para “pillar in fraganti” al infractor.

Y es que la proliferación de reglas, leyes, ordenanzas y demás normas proporciona un efecto calmante en sociedades que necesitan reducir su ansiedad ante lo ambiguo, que necesitan tener una sensación de control sobre su entorno y que muestran bajos niveles de confianza interpersonal. Pero, como hemos visto, en estas sociedades implantar una norma no equivale a que se cumpla, comprometiendo, por lo tanto, su objetivo inicial. En otras sociedades, más cómodas con la incertidumbre, se observa exactamente lo contrario: menos normas pero mayor cumplimiento.

Por cierto, si se pregunta si el experimento holandés comentado tendría alguna posibilidad en España tenga en cuenta un dato. Según el informe de la Fundación BBVA Values and Worldviews publicado en el 2013 el nivel de confianza interpersonal se sitúa en España por debajo de la media de la Unión Europea mientras que los naturales de los Países Bajos aparecen bastante por encima de esa media, aventajándonos casi dos puntos en este ratio.

En resumen, los españoles confiamos poco en el vecino, en comparación con los países de nuestro entorno. Como para confiar en que nos cedan el paso en un cruce sin semáforos.

 

Este post corresponde a la introducción del artículo "Un cruce sin semáforos. Una perspectiva cultural de la mediación en España.” Si eres mediador y quieres conocer su contenido, descarga el artículo, pulsando aquí.

 

 

Leer 5160 veces Modificado por última vez en Sábado, 16 Enero 2016 14:47
Ignacio Martinez Mayoral

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Responsable de The Negotiation Club.
Facilitador, formador, mediador.

Sitio Web: www.the-n-club.com
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