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Jueves, 09 Junio 2016 08:59

No, No, No

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Como Amy Winehouse repite en el estribillo de su éxito Rehab, existe un derecho inalienable, personal e intransferible del que, habitualmente, prescindimos por presión cultural, temor a la confrontación o por un exceso de empatía: nuestro derecho a decir NO. En otras ocasiones, se nos dice que la clave del éxito está en la perseverancia, que no es más que no admitir un NO por respuesta o, al menos, no verse superado por la frustración ante una negativa.

Expresar y encajar una negativa son dos caras de esa moneda que se lanza continuamente al aire y que si el azar hace que al caer muestre uno de los lados con mayor frecuencia, desafiando las leyes de la estadística, las consecuencias pueden ser funestas.

Decir NO, es uno de los derechos personales de los que más prescindimos. En pocas ocasiones, nos animamos a decir NO sin adornos, sin argumentación, sin excusas. Y cuando la ocasión lo merece es un gusto decir NO, a secas, sin sentirse culpable. Evidentemente, la educación, la presión cultural o un exceso de empatía nos empujan a decir SÍ cuando lo razonable hubiera sido decir NO. Lógicamente, cuando queremos evitar la confrontación o tememos la reacción de la otra persona ante un NO, podemos buscar formas de decir NO con amabilidad o presentando una alternativa que pudiera ser mutuamente aceptable, el llamado NO positivo.

El problema surge cuando el derecho a decir NO, a fuerza de usarlo, se convierte en una herramienta de poder.

Recuerdo a una persona que, con algo de vanidad, contaba que su trabajo se había reducido a decir NO. Sencillamente, su tarea se había escorado a negar las pretensiones de otras personas. Seguro que si lo piensa encontrará ejemplos de profesiones que coincidan con esta labor. El problema para esta persona era que le había cogido gusto a la tarea, el poder del NO le había encandilado y ya no podía prescindir, más allá del horario laboral, de expresar negativas y donar rechazos allí donde la situación se ponía a tiro. Decir NO es poderoso y empleado por sujetos inconscientes, peligroso.

La vida es una sucesión de negativas. El NO está presente, mucho más que el SÍ, en las relaciones sociales. Ya aprendemos desde pequeños que tendremos que vivir con límites, con fronteras, esperando la validación de otros, a veces temiendo al rechazo y otras evitando estar expuestos al juicio, viviendo siempre con la ansiedad que provoca esta antipática interjección.

Y aunque el NO nos hace más fuertes, nos dicen, pues la vida es una sucesión de fracasos, eufemismo del NO, aderezada con algún pequeño éxito, eufemismo del SÍ, y no importa las veces que caigas, que te derrote un NO, lo importante es levantarte y seguir con mayor ánimo y predisposición a lograr el SÍ soñado, idealizado y efímero.

Pero todo tiene un límite.

En un reciente encuentro, una persona próxima me hacía llegar su pesar por sentirse expulsado del mercado laboral, una situación que no es extraña en profesionales bien formados y de larga experiencia que han cometido la insensatez de cumplir años sin haberse anclado a un puerto bien resguardado. Amargamente me contaba que vivía una etapa en la que el rechazo estaba ocupando un posición de privilegio hasta el punto de afectar a su moral y habitualmente optimista actitud. Hacía años que no recibía una oferta de trabajo en firme, ya ni siquiera era invitado a participar en procesos de selección y todo lo más, y frecuente, que le llegaba era un NO a sus aspiraciones laborales. También probó a sumarse a la moda de ser emprendedor, intentando varios proyectos que fracasaron prematuramente por falta de apoyo, según él.

Incluso, me contaba, que en una ocasión se había acercado a una reunión en la que una fundación demandaba voluntarios para participar en sus programas educativos. Animado con la idea de emplear sus habilidades y experiencia en beneficio de colectivos en riesgo de exclusión, cumplimentó el formulario con sus datos y esperó la llamada. Que nunca se produjo.

Sus expectativas eran tan bajas que ya ni siquiera encontraba aliento en los libros de autoayuda, en las frases motivadoras que inundan las redes sociales o en las palabras de consuelo de amigos y familiares. “Todo el mundo se empeña en que no tire la toalla, y lo agradezco, pero no se dan cuenta de que hace tiempo que ya la arrojé y ahora lo único que intento es arrastrarme, en silencio y lentamente, fuera del ring y buscar un refugio tranquilo donde colgar los guantes”.

Leer 1946 veces Modificado por última vez en Jueves, 09 Junio 2016 09:18
Ignacio Martinez Mayoral

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Responsable de The Negotiation Club.
Facilitador, formador, mediador.

Sitio Web: www.the-n-club.com

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